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Flores que parecen estrellas

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Edita: El Nocturnario®

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  • Sarai de la Hoz
  • Mario López

 

ISSN: 2794-0489

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La botánica es otra de las grandes ciencias que han despertado la curiosidad científica durante todas las épocas. La relación entre el reino vegetal y el cosmos trasciende de la mera metáfora poética para adentrarse en los dominios de la biología evolutiva, la física matemática y la antropología cultural. Lo que ocurre en el cielo tiene también un reflejo directo en la Tierra. Bien lo saben en floristeria Palma  quienes trabajan a diario con especies florales que conectan cielo y Tierra. 

EL CÓDIGO UNIVERSAL EN LA FORMA BOTÁNICA

La afirmación de que “las flores parecen estrellas” no es simplemente una pareidolia humana. Sino una manifestación de leyes físicas y matemáticas universales que gobiernan tanto el crecimiento biológico como la formación de estructuras galácticas. La naturaleza, en su búsqueda de eficiencia energética y estructural, recurre a patrones geométricos idénticos en escalas macrocósmicas y microcósmicas.

La conexión más empíricamente verificable entre la estructura de una flor y la de una galaxia reside en la matemática de las espirales. La disposición de las hojas alrededor de un tallo, conocida como filotaxis, y la organización de los flósculos en las cabezuelas de las plantas de la familia Asteraceae (como el girasol o la margarita) siguen rigurosamente la secuencia de Fibonacci (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55…). Esta secuencia, donde cada número es la suma de los dos anteriores, converge en una proporción conocida como el número áureo o Phi.

En un girasol (Helianthus annuus), las semillas se organizan en dos conjuntos de espirales logarítmicas que giran en direcciones opuestas. Es común encontrar 34 espirales en sentido horario y 55 en sentido antihorario, o 55 y 89 en cabezuelas más grandes; números que son adyacentes en la serie de Fibonacci.

El concepto de fractalidad, donde una estructura se repite a diferentes escalas (autosimilitud), es evidente en la formación de nubes interestelares y en la botánica. El ejemplo más espectacular es el brócoli Romanesco (Brassica oleracea var. botrytis). Cada brote de esta inflorescencia es una espiral logarítmica compuesta por brotes más pequeños, que a su vez están compuestos por brotes aún más diminutos, creando una estructura que visualmente evoca las simulaciones computarizadas de la formación de estrellas dentro de nubes moleculares gigantes.

Asteraceae: las estrellas de la Tierra

La evolución ha esculpido la morfología de innumerables especies florales en formas radiales que, para el observador humano, evocan inmediatamente la iconografía de una estrella. Esta convergencia de formas tiene una función biológica —guiar a los polinizadores hacia el centro nectario— pero su impacto estético ha cimentado la conexión simbólica entre la floristería y la astronomía.

La familia Asteraceae toma su nombre directamente del griego astér (“estrella”). Es una de las familias botánicas más grandes y evolucionadas. Sus inflorescencias no son flores individuales, sino capítulos compuestos por cientos de flores diminutas.

El género aster: Sus flores presentan un disco central (generalmente amarillo, como una estrella de tipo espectral G) rodeado de lígulas radiales (pétalos) que pueden ser azules, púrpuras o blancas. Esta estructura radial perfecta es la representación botánica por excelencia de un cuerpo celeste emitiendo luz.

Crisantemos (Chrysanthemum): En variedades como las “spider mums” (crisantemos araña), los pétalos tubulares y alargados irradian desde el centro como los rayos de una estrella en explosión o una supernova. En la cultura japonesa, el crisantemo es un símbolo solar y de inmortalidad, vinculando la flor con la estrella que da vida al sistema solar.1

Passiflora: la nebulosa planetaria

Las flores del género Passiflora (Flor de la Pasión) poseen una complejidad estructural que recuerda a los diagramas de sistemas estelares complejos o nebulosas planetarias.

  • Estructura: Sobre los sépalos y pétalos se dispone una corona de filamentos radiales, a menudo con bandas de color contrastante (blanco, púrpura, azul). Esta corona crea un efecto de “halo” o disco de acreción alrededor de la columna central (androginóforo) que porta los estambres y estigmas.17
  • Simbolismo: Aunque históricamente asociada a la Pasión de Cristo por los misioneros jesuitas (los filamentos como la corona de espinas, los tres estigmas como los clavos), su estética contemporánea en el diseño floral es innegablemente cósmica, utilizada para evocar misterio y exotismo.1

Flores hoya o las flroes de cera

El género Hoya, conocido como plantas de cera, ofrece uno de los ejemplos más geométricamente perfectos de flores astronómicas.

Las flores de Hoya (ej. Hoya carnosa, Hoya pubicalyx) consisten en una corola en forma de estrella de cinco puntas sobre la cual se asienta una segunda estrella más pequeña y cerosa, la corona. Esta estructura de “estrella dentro de una estrella” crea una profundidad visual fascinante.

 Algunas especies poseen hojas con salpicaduras plateadas (conocidas como “splash”) que parecen polvo de estrellas sobre un fondo verde oscuro (el vacío del espacio), como la Hoya pubicalyx ‘Splash’ o la Hoya carnosa ‘Wilbur Graves’.

Stapelia y Orbea

En las regiones áridas, la evolución ha producido “estrellas” de una naturaleza diferente. Las plantas suculentas de los géneros Stapelia y Orbea producen flores grandes, carnosas y en forma de estrella de cinco puntas (pentámeras).

Stapelia gigantea produce flores que pueden superar los 25 cm de diámetro, con forma de estrella de mar, de color amarillo pálido con estrías rojizas transversales. A pesar de su belleza geométrica, emiten un olor a carne en descomposición para atraer a sus polinizadores, las moscas, ganándose el apodo de “estrellas de las moscas”.

Orbea variegata, conocida como “Flor del Lagarto” o “Estrella de Mar”, presenta una flor con patrones moteados complejos que recuerdan a la superficie de exoplanetas o texturas alienígenas, reforzando la narrativa de flora “de otro mundo

La botánica es otra de las grandes ciencias que han despertado la curiosidad científica durante todas las épocas. La relación entre el reino vegetal y el cosmos trasciende de la mera metáfora poética para adentrarse en los dominios de la biología evolutiva, la física matemática y la antropología cultural. Lo que ocurre en el cielo tiene también un reflejo directo en la Tierra. Bien lo saben en floristeria Palma, quienes trabajan a diario con especies florales que conectan cielo y Tierra. 

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