Astronomía con alma | Arte, cultura, ciencia y astroturismo en Madrid

MONOGRÁFICO:

HISTORIA ASTRONÓMICA DE LA CIUDAD DE TOLEDO

TOLEDO

CUNA DE LA ASTRONOMÍA EN EUROPA

Toledo, ciudad de las tres culturas y crisol de civilizaciones, es la cuna de la astronomía en España y la puerta al conocimiento astronómico en la Europa Medieval. Toledo ha mirado siempre al cielo con una curiosidad insaciable. Más allá de sus muros históricos y sus calles laberínticas, el firmamento sobre esta antigua capital ha sido, durante siglos, un vasto lienzo y un inmenso laboratorio. La ciudad ha encarnado, en distintas épocas, tres roles fundamentales y recurrentes.

Ciudad custodio

Toledo ha sido custodio del saber clásico durante los albores de la Edad Media

Crisol de
culturas

Una ciudad donde la innovación y la creación de nuevo conocimiento astronómico alcanzaron cotas revolucionarias

Representación central del tapiz del astrolabio, donde se observa la araña del astrolabio.

Puente del
saber

Toledo inició la transmisión del saber astronómico al resto del mundo, encendiendo la chispa del Renacimiento científico europeo

Siglo VI a.C.

EDAD DE HIERRO

Antes de la llegada de Roma, la región estaba habitada por los carpetanos, una tribu celta para la cual, como para otras culturas de la Edad del Hierro, la observación de los ciclos solares y lunares era indispensable para la supervivencia. Estos ciclos regían la agricultura, marcaban las estaciones y eran centrales en sus prácticas religiosas, integrando el cosmos en el tejido de la vida cotidiana.

Siglo II a.C. - V d.C.

TOLETUM ROMANA

Con la conquista romana y la fundación de Toletum, la astronomía adquirió un carácter más estructurado y práctico. Los romanos, que describieron la ciudad como “parva urbs sed loco munitia” (pequeña ciudad pero bien fortificada), aplicaron sus conocimientos astronómicos en la planificación urbana y militar. La orientación de calzadas, la construcción de acueductos y la agrimensura dependían de un entendimiento funcional de los astros. Más allá de la ingeniería, la astronomía romana impregnaba la vida cívica a través del calendario y los augurios, formando parte del bagaje cultural de la élite hispanorromana que gobernaba la ciudad.

Siglos VI - VIII

Capital de la Hispania visigoda

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, Toledo se convirtió en el corazón político y religioso de la Hispania visigoda, estableciéndose como capital del Regnum Gothorum en el siglo VI. En este período, la vida intelectual se contrajo, refugiándose casi exclusivamente en el ámbito eclesiástico. Los monasterios se erigieron como los baluartes del conocimiento, donde los monjes copiaban y preservaban las obras de la antigüedad clásica que, de otro modo, se habrían perdido. 

San Isidoro de Sevilla en el Libro III: de quatuor disciplinis mathematicis de su obra magna las Etimologías dedicado al Quadrivium incluyó la astronomía como una disciplina fundamental, legitimándola dentro del marco del saber cristiano y asegurando su supervivencia y transmisión. Estableció, además, una distinción entre la astronomía como ciencia y la astrología como superstición. Este acto de “bautismo” intelectual fue una causa fundamental y necesaria para el florecimiento posterior. Sin un vocabulario y un marco conceptual en latín para la astronomía, la labor de Gerardo de Cremona y la Escuela de Traductores habría sido inmensamente más difícil. La Toledo visigoda, por tanto, preparó el terreno intelectual sobre el que se edificaría la Toledo de las Tres Culturas.  

LA AZAFEA

Azarquiel propuso un cambio radical: utilizar como plano de proyección un meridiano, concretamente el coluro solsticial (el que pasa por los puntos de solsticio), y tomar como foco de la proyección el punto vernal (el equinoccio de primavera). Este cambio geométrico permitió el diseño de la azafea, donde el ecuador y la eclíptica se transforman en líneas rectas. Pero lo más importante es que el horizonte para cualquier latitud del planeta se representa como una simple línea recta que pivota desde el centro. Lo que permitió que con una sola lámina y una regla giratoria, un observador podía realizar cálculos para cualquier lugar de la Tierra. 

La Azafea es un ejemplo paradigmático de cómo una innovación conceptual en la representación de datos —la elección de un nuevo sistema de proyección— puede generar una revolución tecnológica con implicaciones geopolíticas globales.  Transformó el astrolabio de una herramienta de cálculo local en un instrumento de navegación global. Su uso está documentado por Cristóbal Colón en su primer viaje a América y por la expedición de Magallanes y Elcano en su circunnavegación del globo, casi 400 años después de su invención. 

Siglos VIII - XI

AZARQUIEL

(c. 1027-1100)

Abū Isḥāq Ibrāhīm al-Zarqālī, conocido en occidente como Azarquiel, nació en Toledo en 1030. Sus orígenes fueron humildes; era un hábil orfebre que fabricaba instrumentos astronómicos por encargo de los sabios musulmanes y judíos de la ciudad. Su talento no pasó desapercibido, y pronto trabajó bajo el mecenazgo de Al-Mamún, rey de la Taifa de Toledo, un período de extraordinario esplendor científico en el que Azarquiel dirigió la compilación de las célebres Tablas Toledanas en 1069.

En aquel periodo, el astrolabio era uno de los instrumentos más punteros de la época por sus múltiples usos: era un mapa bidimensional del cielo, una calculadora analógica portátil que resolvía problemas de tiempo y posición de los astros y permitía calcular alturas. Su diseño se basaba en una proyección estereográfica de la esfera celeste sobre el plano del ecuador. Sin embargo, adolecía de una limitación fundamental: las coordenadas del observador (su horizonte) dependían de la latitud. Esto obligaba a utilizar una placa o lámina (tímpano) diferente para cada latitud, convirtiéndolo en un instrumento eminentemente local.

Siglo XII

LOS TRADUCTORES

Tras la reconquista cristiana, Toledo no perdió su brillo intelectual; al contrario, se transformó en el principal punto de transferencia de conocimiento del mundo árabe a la Europa latina.

La “Escuela de Traductores de Toledo” no fue una institución formal con un campus y aulas, sino un movimiento intelectual dinámico y descentralizado que floreció durante los siglos XII y XIII. La conquista de la ciudad por Alfonso VI en 1085 creó un entorno histórico único: una capital cristiana que albergaba vastas bibliotecas con el tesoro del saber greco-árabe, y una población de eruditos judíos y mozárabes que dominaban tanto el árabe como las lenguas romances. Este escenario atrajo a sabios de toda Europa. El método de trabajo era colaborativo, a menudo en parejas: un experto, judío o mozárabe, traducía el texto árabe a la lengua romance vulgar, y un clérigo cristiano lo vertía de ahí al latín, la lengua franca de la academia europea.

GERARDO DE CREMONA

(c. 1114-1187)

En este crisol, el sabio italiano Gerardo de Cremona (c. 1114-1187). llegó a Toledo. Viajó a la ciudad buscando un ejemplar del Almagesto de Ptolomeo, la obra cumbre de la astronomía antigua, que en ese momento solo era accesible en Europa a través de traducciones árabes. Lo que encontró en Toledo superó sus expectativas, y se embarcó en una monumental labor de traducción. Su productividad fue asombrosa: se le atribuyen más de 70 obras traducidas, que abarcan no solo astronomía, sino también matemáticas, medicina y filosofía. Entre sus traducciones más influyentes se encuentran el ya mencionado Almagesto.

Primera página de manuscrito Almagesto de Clauido Ptolomeo traducido por Gerardo de Cremona entre 1201 y 1300. Fuente BNE
Manuscrito. Traducción de las tablas toledanas de Azarquiel por Gerardo de Cremona. En torno al 1286. Fuente: Medical Photographic Library

La traducción al latín de estas tablas por parte de Gerardo fue un hito. Al hacerlo, no solo estaba traduciendo un libro, sino que estaba entregando a Europa una herramienta de cálculo predictivo de una sofisticación inaudita. Estas tablas se difundieron rápidamente, convirtiéndose en el estándar astronómico en todo el continente durante más de un siglo y medio. Su influencia fue tan profunda que sirvieron de base directa para las célebres  Tablas alfonsíes, elaboradas bajo el patrocinio de Alfonso X el Sabio con el objetivo explícito de corregir y actualizar los datos de Azarquiel para el meridiano de Toledo.

Siglo XV

EL TAPIZ DEL ASTROLABIO

En el siglo XV, el conocimiento astronómico importado y desarrollado en Toledo había permeado tan profundamente la cultura de élite que se convirtió en el lenguaje de una de las obras de arte más complejas y fascinantes de la Baja Edad Media: el Tapiz del Astrolabio, una pieza que demuestra la completa asimilación de la ciencia en la cosmovisión cristiana.

Representación central del tapiz del astrolabio, donde se observa la araña del astrolabio.
Representación central del tapiz del astrolabio, donde se observa la araña del astrolabio con una personificación de las principales constelaciones. Museo de los tapices de la Catedral de Toledo.

El corazón del tapiz lo ocupa una gigantesca y detallada representación de la araña (o rete) de un astrolabio, que funciona como un preciso mapa estelar. La fidelidad en la representación de sus partes estructurales —la eclíptica con los signos del zodiaco, el círculo de Capricornio como límite exterior, la banda equinoccial— es notable. Dentro de este marco científico se representan 25 constelaciones ptolemaicas, cada una identificada con su nombre en latín. La elección de no representar las 12 constelaciones zodiacales es deliberada y correcta desde el punto de vista astronómico, ya que su posición está implícita en la propia eclíptica. Aunque se toman ciertas licencias artísticas para favorecer la simetría, la disposición general de las constelaciones respeta su ubicación real en el firmamento.

La araña está rotada 180 grados respecto a su posición de reposo. Este giro tiene un propósito: “elevar” la parte inferior del cielo, la zona donde se encuentra la estrella Sirio (en la constelación del Can Mayor, que no se representa), un astro con profundas connotaciones divinas en la antigüedad y en el mundo islámico.

El Tapiz del Astrolabio, una pieza única de lana y seda de enormes dimensiones (800 cm x 415 cm) perteneciente a la colección de la Catedral de Toledo, es una obra maestra atribuida a los talleres de Tournai y fechada en la segunda mitad del siglo XV. Su compleja composición se articula en tres calles verticales. La escena de la izquierda representa las fuerzas motrices del universo según la cosmología aristotélica cristianizada: la   Potentia Primi Motoris (el poder del Primer Motor, Dios), junto a la Intelligentia y la Agilitas que hacen girar el cosmos. A sus pies, Atlas no carga el mundo, sino que se presenta como el sabio rey astrónomo que lo comprende y lo muestra. La escena de la derecha es una alegoría de la adquisición del saber, presidida por la Filosofía y rodeada por las siete Artes Liberales, con figuras destacadas como Abrachis (una latinización de Hiparco, el padre de la proyección estereográfica del astrolabio) y el poeta Virgilio.

El tapiz del astrolabio, museo de los tapices y el textil de la catedral de Toledo
El tapiz del astrolabio, museo de los tapices y el textil de la catedral de Toledo

En la zona superior de la araña, ennoblecida y sacralizada, el artista introduce tres elementos clave:

  1. Una Corona, símbolo inequívoco del poder real y divino, que ocupa el lugar de la constelación.

  2. Un Incensario oscilante en manos de la figura del Auriga, un objeto puramente litúrgico que impregna el espacio cósmico de un carácter sagrado.

  3. Una Copa que se asemeja a un cáliz gótico. La constelación de Crater (la Copa) es deliberadamente desplazada de su posición correcta y rediseñada para situarse en el eje vertical bajo la corona, en la línea meridiana donde el Sol alcanza su máxima altura, aludiendo claramente al cáliz eucarístico.   

A esta tríada sagrada se suma la figura de Prometeo, de pie sobre la eclíptica. Su presencia puede interpretarse como una alegoría del Sol, portador de luz y vida, o del conocimiento que ilumina a la humanidad. Incluso, en una lectura cristiana, como una prefiguración de Cristo, que sufre un tormento para salvar a los hombres. Estos elementos demuestran una cosmovisión unificada donde no existe conflicto entre ciencia y fe; al contrario, la ciencia del astrolabio se convierte en el lenguaje a través del cual se puede contemplar y afirmar el orden divino del universo.

El viaje a través de la historia astronómica de Toledo revela un patrón recurrente, un ciclo de preservación, innovación y difusión que define el carácter único de la ciudad en la historia de la ciencia. El cielo sobre Toledo ha sido un espejo de su propia historia: un punto de confluencia donde diferentes culturas y épocas han mirado hacia arriba para medir, comprender y soñar.

El legado, por tanto, no reside únicamente en los astrolabios, los manuscritos o los tapices que se conservan. Reside, sobre todo, en un espíritu ininterrumpido de curiosidad, ingenio y audacia que conecta al sabio visigodo, al astrónomo andalusí, al traductor italiano y al “Quijote” moderno en una única y extraordinaria narrativa toledana que sigue escribiéndose, noche tras noche, bajo el mismo firmamento ■

Este monográfico ha sido elaborado para el patronato de Turismo de Toledo con motivo de la actividad realizada durante la Noche del Patrimonio 2025.